Stephansdom, Wien (El Domo de San Esteban, Viena).

Catedral de San Esteban.

Viena, Austria.

Construcción 1137-1578.

El clima es lo más irrelevante de este lugar. El frío de invierno le da un toque mítico y elegante a una ciudad como Viena, la ciudad imperial. Para un viajero como yo, con la mochila en la espalda,  la mejor experiencia se obtiene al andar. Así es como se puede conocer cualquier sitio, viviendo las calles, maravillándose de los regalos que estas ofrecen.

Viena, la gran capital del antiguo imperio Austrohúngaro posee edificios y monumentos dignos del tiempo y de la historia. Andar por el centro del ring es una experiencia que cualquier persona puede disfrutar, aún aquel que no presta atención a su entorno o el viajero que no cuenta con un clavo en su cartera. La calle Graben es el andador peatonal  con más historia de toda Europa; rodeado de los edificios más lujos construidos con el paso de los siglos.

Luego de pasar las innumerables tiendas de lujo la calle desemboca en un crucero impresionante.  Aquí se puede observar la comunión perfecta de la modernidad y la antigüedad en un panorama sorprendente.  En una esquina se encuentra el emblemático edificio Hass Haus, una construcción posmoderna de la década de los 80´s en pleno centro de la ciudad. Sus innovadoras fachadas nunca desentonan del ambiente antiguo de la ciudad, sino todo lo contrario, le brindan un toque idílico y reconfortante jugando de manera armónica con su entorno.  Justo en la pared de cristal se puede observar con claridad el reflejo del monumento más imponente de la ciudad; Stephansdom o el Domo de San Esteban, la catedral de Viena.

Fue construida en el Siglo XII en Stephansplatz,  sobre las ruinas de dos antiguas iglesias que se pueden presenciar desde la estación del metro con este nombre y justo en el centro de la capital austriaca. Es considerada una de las iglesias más hermosas del mundo. Sus fachadas están perfectamente detalladas con un estilo romántico o barroco, desafortunadamente no soy un experto en esta materia, pero lo cierto es que deja perplejo a cualquiera. En su exterior, en lo más alto, se puede ver el tejado en tonos azules, verdes y amarillos y en un costado el escudo de armas, el águila símbolo de Austria que adorna la vista al cielo.  Las torres sur y norte brindan el detalle de divinidad que necesita cualquier iglesia.

En su interior se tiene la sensación de belleza y armonía, en sus paredes, altares, techos, pisos y cuadros que tapizan las paredes de las  tres naves que conforman la catedral. El pasillo central que parece interminable lleva directo al altar principal, pasando por una hilera infinita de bancas y pilares centrales que sostienen el peso de este lugar. En uno de ellos se puede admirar el púlpito de Pilgram, una obra de arte gótica tallada a la perfección.

El estilo gótico de la catedral transporta a cualquier ser humano al pasado, a una época en donde los monumentos eclesiásticos tenían que demostrar el poderío terrenal de la iglesia, representante de Dios ante los hombres.  Se puede encontrar también una placa honrando la majestuosa obra de Mozart quien fuera director musical de este recinto poco tiempo antes de su muerte.

Camino lentamente por la nave lateral izquierda y puedo contar al menos siete altares distintos en homenaje a algunos santos cuya relevancia histórica en este país parece ser muy significativa. Sin embargo, lo interesante son los detalles artísticos con los que cuenta cada uno de ellos. El arte es sin duda, un sinónimo de arquitectura en el estilo gótico o romántico, barroco o cualquiera que sea, de las iglesias europeas tapizadas de elegantes cuadros o estatuas de santos perfectamente elaboradas.

Al final del pasillo se puede ascender por un elevador bien conservado al mirador de la torre norte. La visita se extiende por el tiempo que desees o hasta que el frío te logre correr. Desde aquí se tiene la mejor vista de la ciudad, y de la catedral también. El Danubio se ve tan cerca que se podría sentir la briza de sus corrientes. Es a esta altura donde  la perspectiva de las forma de este edificio se torna muy interesante. Se puede ver el detalle de las fachadas, las tejas e incluso los portales exteriores que hacen ver a los transeúntes más diminuto.

Este lugar es uno de los íconos más representativos de la ciudad y parece portar con orgullo esta responsabilidad, nunca defraudara a los vieneses que lo presumen con delirio. Testigo de tantos acontecimientos importantes, uno de ellos la boda de Mozart, también es protector de los restos de la familia Habsburgo, pareciera que la ciudad fue construida para honrar la catedral, que es punto de partida y desemboque de los ríos urbanos que en sus laberintos transportan a los turistas siempre hacía ella.  No cabe duda que si se es o no creyente o devoto, esta joya arquitectónica merece una reverencia en agradecimiento por vencer al tiempo  y a la historia, perdurando hasta estos días.

Texto: Fernando Mendoza.

 Fotografías: Fernando Mendoza, 23 de diciembre de 2014.

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