“Guadalajara a un año de La Casa Blanca”

Reflexión Arquitectura-Economía a comienzos de la primera década del siglo XXI en Guadalajara.

“La arquitectura debe reflejar la verdad económica no solo del propietario, sino del contexto social, no porque el dueño tenga que satisfacer su vanidad se tiene derecho de insultar a la comunidad restregando la injusticia, diferencia de los que tienen y los que no, esta arquitectura me parece moralmente invalida” Fernando Gonzáles Gortázar.

La realidad en un país de contrastes culturales como México debe ser comprendida comenzando por el ámbito económico, el del capital: motor principal de la producción y reparto desigual de los bienes de la sociedad, incluidos el que nos atañe y producimos los arquitectos: la industria de la construcción.

Partiendo del hecho más lamentable de este sexenio, el caso en el estado de Guerrero en la comunidad de Ayotzinapa y los 43 normalistas asesinados, es un hecho que logra tocar muchas fibras, incluidas las de la arquitectura, una de sus consecuencias específicas, resultantes de la investigación de casos similares en el gobierno federal, es el polémico caso de la Casa Blanca de nuestro presidente Enrique Peña Nieto y su esposa la primera dama Angélica Rivera.

La famosa casa exhibe en uno de los niveles políticos más altos, la distopía que vive México; las notorias diferencias de poder adquisitivo en nuestra sociedad. La tela de donde cortar es inagotable la pregunta que debemos formularnos es: ¿Que lectura crítica podemos dar como arquitectos?.

Podríamos analizar el estilo de vida de nuestro presidente y su familia, su rutina, sus costumbres y funcionamiento de su vida cotidiana respecto al partido y distribución de la casa, especificar si hay una biblioteca en semejante casa habitación, o si no hay libros en las fotografías publicadas de la casa.

Una construcción de aproximadamente 85 millones de pesos, que señalo, no debería diferir demasiado con el concepto de una vivienda para la clase alta mexicana, buscando no generalizar pero si hacer distinción de su nivel económico e idealización. Peña Nieto muestra inconscientemente a los ciudadanos que lo eligieron, el nivel de cultura y el modelo de aspiración para el ciudadano mexicano promedio.

En otras palabras: es “la casa que todos quisiéramos tener”, “la fortaleza impenetrable de seguridad y confort”, es el “estilo de arquitectura del rico mexicano”. Es el más claro ejemplo de la tendencia y las aspiraciones de los grupos consumistas de nuestro país.

La casa tiene estacionamiento subterráneo, planta baja y nivel superior con tapancos. Un elevador que conecta todos los niveles. El jardín tiene sala y comedor techados, azotea con jacuzzi y bar, piso de mármol, alberca y área de spa. Un sistema de luces para crear ambientes: puede tornarse rosa, naranja o violeta, estacionamiento para 5 autos y desde la calle pueden observarse las dos palmeras que crecen en el jardín.

Una serie de lujos al más puro estilo de Televisa y sus telenovelas, nada irónico al ser ellos precisamente los patrocinadores de la casa. Televisa y el gobierno una vez más nos implanta una idea de bienestar y aspiraciones equívocas que al mismo tiempo insultan la realidad de pobreza que aqueja el país. Televisa educa al país.

Surgen preguntas para el arquitecto. ¿Es legítimo y adecuado moralmente para un arquitecto trabajar con el cliente que se está en desacuerdo?,  ¿Es en realidad el capital el verdadero arquitecto del siglo XXI?, ¿Cuánta oposición debemos tener en contra de la dominación del capital y el cliente que está detrás de nosotros?, las 3 preguntas anteriores podrían tratar de ser respondidas partiendo de una escala urbana¿La ciudad capitalista puede planificarse?.

Esta realidad no puede ser alterada tan fácilmente, pero es precisamente trabajo de los arquitectos comprenderla, aceptarla y tomarla con la mano derecha, para con la mano izquierda poder preocuparse por mantener un interés en el beneficio social en cada uno de los proyectos que se tenga la oportunidad de participación.

Con esta crítica especialmente me gustaría plantear una línea de división ideológica y generacional entre la mayoría de los estudiantes y arquitectos recién egresados de la generación que me toca formar parte y las anteriores a nosotros. A los que conglomero en su mayoría gente que hoy cumple con la tarea de guiar nuestra educación y ser productora en el campo laboral de la arquitectura. Una nueva corriente de pensamiento, que es necesario dejar claro, no debe alienarse del pensamiento tradicional de aquellos que hoy están cambiando nuestra sociedad, pero si comenzar a sentir y pensar que es diferente a las anteriores, en pro de un cambio para la sociedad mexicana.

¿Cuantas casas más para Angélica Rivera esta mi generación dispuesta a construir?. Creo lo alarmante no es el número, sino lo identificada que la sociedad se siente con este estilo de vida y que además aspira a poseer, es un asunto de educación, que no compete al arquitecto solucionar.

Guadalajara necesita nuevos medios de comunicación críticos de la arquitectura, independientes, publicaciones guiadas por estudiantes que no sigan líneas políticas corruptas, que desarticulen el monopolio de arquitectos que decide que es bueno o malo para la ciudad. Los principales medios promotores de la arquitectura nos “venden” idealizaciones de arquitectura y ciudad e inconscientemente insertan visualmente realidades alternas a la situación actual del país. Más arquitectura de enfoque anónimo pero con agendas sociales, esas que normalmente nos parecen aburridas. El escaparate debe incluir las propuestas utópicas, esas ideas opacadas por las restrictivas e ilógicas leyes que regulan y asfixian políticas urbanas de densificación y movilidad o arquitectónicas ya aplicadas en países de primer mundo.

“En cualquier lugar y circunstancia pero más en un país como México, nuestro reto es hacer gran arquitectura hasta con un tejaván. Si no somos capaces de esto, no estamos respetando la dimensión social de la arquitectura, ni entendiendo en qué tipo de comunidad actuamos, Y, desde luego, es perfectamente posible hacer gran arquitectura, contemporánea y moderna, con un tejaván y unas bardas de adobe: no abundan, pero allí están los ejemplos”.

“Tenemos que revindicar las utopías posibles, el sueño que podemos volver real; quizá si la realidad fuese menos brutal tendríamos menos necesidad de soñar. Y si como niego la validez de que una imagen diga más que mil palabras, también niego la de ese otro lugar común que dice que “soñar no cuesta nada”. Pregúntenle si cuesta o no soñar a la gente que se ha partido el alma por una causa: a muchos les costó la vida, nada menos. Todos los que están en los monumentos, los altares, las biografías, y los museos son personas que soñaron. Soñar en serio es sumamente difícil por dos razones: primera, el sueño debe valer la pena, tanto como para darle sentido a la vida; y segunda, porque el propósito debe ser cumplirlo, hacerlo realidad: ni sueño sin acción ni acción sin sueño. A nuestra arquitectura le faltan ilusiones y esperanzas, compromisos y metas, y causas y luchas y batallas: le faltan todos los pasos. Le falta soñar otros mundos, otras sociedades, ciudades, personas amparados por la naturaleza, la cultura y el humanismo, le falta pelear por lograrlos” Fernando Gonzáles Gortázar.

Hace falta construir y difundir proyectos como “La planta” de Ricardo Agraz en Tlajomulco de Zúñiga Jalisco quién transformó una planta de tratamiento de aguas negras en un centro cultural, de cualidades casi invisibles y anónimas al permanecer físicamente bajo tierra, pero de impacto social tal cuál si fuera un rascacielos. Sobran en contraparte miles de casas de nivel económico alto publicadas en archdialy, arquitectura que no aporta nada a la ciudad más allá de sus límites estéticos. Faltan muchas más intervenciones urbanas que incluyan e involucren a la sociedad que habita alrededor de estos lugares, más áreas verdes y recreacionales, pero relacionadas entre sí, que sirvan y apoyen la infraestructura de transporte colectivo y que todas estas iniciativas sean siempre gestionadas por concursos no sólo de arquitectos, pero interdisciplinarios donde el requisito sea incluir, por ejemplo, a un paisajista, un escultor, un sociólogo, un psicólogo, urbanista, un arquitecto y sobre todo a la población que habita ahí.

Arq. Antonio Ramón Quintero Luna

CASA BLANCA

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