Adivinación en el Arte (Exposición CDMX).
A finales del mes de Julio durante un viaje gestado para realizar diferentes actividades de índole cultural, tuve la oportunidad de darme un tiempo para visitar la exposición montada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) en el Museo Nacional del Arte (MUNAL) llamada “Bajo el signo de Saturno. Adivinación en el Arte”, inaugurada en el antiguo Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.
Muestra inspirada gracias a la donación de la carta astral del poeta francés Jean Schister, realizada por André Bretón, curada por el Historiador David Caliz, con más de 200 obras principalmente pictóricas y gráficas, pertenecientes en su mayoría al arte mexicano del siglo XX. Desarrollada con el fin de alentar el desarrollo de nuevas lecturas del acervo del museo. A través de la representación del esoterismo, el espiritismo, la clarividencia, la astrología, la quiromancia y la cartomancia intenta resignificar el génesis del arte como expresión de las tradiciones generalmente relacionadas con la magia y el mundo que se extiende más allá de nuestros sentidos y nuestro entendimiento lógico.
La verdad es que antes de dirigirnos al museo no investigamos mucho sobre la exposición, con el sólo tema y la institución que lo presentaba era suficiente para parecer prometedor. En mi mente podía imaginar obras de las surrealistas Remedios Varo y Leonora Carrington, pero no hacia ni una idea de obra de quien más nos mostrarían y cómo estaría armado el discurso y montaje de la exposición.
Al entrar, justo al inicio me sorprendió una serie de aguafuertes del artista español Francisco de Goya, autor de grandiosas obras negras como “El Aquelarre” o “Saturno devorando a su hijo”, estas pequeñas piezas fechadas cerca de 1823, que representan brujas, demonios voladores, gatos negros y demás espeluznantes personajes fueron ubicadas como antecedente idóneo para esta exposición, pues en ellas ya durante su vejez en la cual sufrió sordera, Goya inaugura la representación de la locura, el inconsciente y el estado onírico en el mundo del arte, que encontraba preparandose para la aparición de las Vanguardias.
La muestra se encuentra organizada en cuatro secciones, en la primera, Nigromancia. Invocar a los muertos, sobresale un retrato de Francisco I. Madero, fechado en 1911, obra del Húngaro Joseph Kleitsch, pieza en la que el anti reeleccionista vestido de traje y abrigo formales, totalmente negros, se presenta de pie sobre un fondo obscuro, la iluminación solo apunta a su rostro y mano izquierda. Madero durante su presidencia (1911-1913) fue conocido por la práctica de la escritura mediúmnica, nigromancia y espiritismo, lo cual fue fielmente documentado por el mismo en sus diarios personales.
Juan Téllez Toledo se hace presente con “Las espiritistas” una aguatinta fechada en 1903, la cual nos muestra una sesión espiritista realizada al interior de una habitación en la que cinco personas ataviadas completamente de negro, pertenecientes a un estrato social superior, se encuentran sentadas alrededor de una pequeña mesa en la cual apoyan sus manos, como actualmente creemos que se colocan al utilizar una ouija, en esta nocturna pieza podemos oír el silencio en la escena y sentir el fervor con el que sus asistentes se entregan a la obscura ceremonia.
Cerramos esta secuencia con la tan esperada Leonora Carrington, representada en su obra “Sesión espiritista”, pintada en 1998, pieza en la que al igual que Juan Tellez Toledo coloca alrededor de una mesa redonda de cocina a distintos personajes que apoyan las palmas de sus manos, con la gran diferencia que en esta litografía quienes rodean la mesa son demonios, una monja, un sacerdote, varios pericos y una especie de espiritista quien exhala una especie de humo que se funde con la obscuridad del fondo. Por medio de este diverso grupo onírico, lo sobrenatural y lo “normal” se entrelazan creando un discurso que narra una experiencia sobrenatural.




La segunda sección de la exposición se llama Clarividencia, en ella se representan diversas prácticas de las artes adivinatorias. De entre una serie de impresos y grabados sobresale por su imagen sátira y estética popular, una obra de José Guadalupe Posada, titulada “Magia blanca y Magia prieta”, fechada en 1890, una “interesante pero muy extraña” portada para un cuadernillo formada por un díptico en el que el grabador caricaturiza la diferencia entre los dos tipos de magia conocida, la blanca, representada por un trajeado mago de circo que hace flotar a una mujer con alas de hada, contrapuesta a la magia negra, representado por una fea y desnuda mujer despeinada, con los con pelos de punta, alas de murciélago y una larga y enroscada cola que más que de sirena pareciera de algún tipo de criatura del fondo marino, quien sostiene una serpiente en cada mano mientras prepara una humeante poción de bruja en un caldero con forma de calavera.
Más delante al cambiar de una sala a otra, más no de sección, nos recibe la afamada escultura fundida en bronce en el año 2000, de 2.60 metros de altura, obra de la artista Leonora Carrington, titulada “The Palmist” o frecuentemente reconocida por su nombre en español «La quiromántica».
En esta escultura antropomorfa, Carrington se representó a ella misma como una especie de sacerdotisa con cuerpo humano y cabeza con cresta de ave, figura que nos muestra sus dos manos al frente, en cada una de las cuales podemos ver un rostro humano representando la capacidad de ver el futuro y de ofrecer protección mística. Se cuenta que esta pieza representa cuando una quiromántica leyó las manos a la artista, justo a su llegada a México, prediciéndole que viviría hasta los cien años. Leonora falleció en el 2011 a la edad de 94 años.
La pieza exhibida es propiedad de la Secretaría de Cultura y Turismo del Edomex y ha sido expuesta anteriormente en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario. De entre las once hermanas de molde fundidas por el Maestro Alejandro Velasco, podemos encontrar la pieza primogénita y única que Leonora logró ver terminada en vida y de la que se tiene una famosa fotografía de la autora posando a su lado, esta fundición fue donada por su hijo Lilian Stein en 2016 a la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y se encuentra expuesta en el recinto del Antiguo Palacio del Arzobispado, sede del Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. O la hermana mostrada en febrero del 2025 por medio de una fotografía publicada en el Instagram del actor Roberto Palazuelos, en la cual posa junto a “La Quiromántica” vistiendo un saco que hace “match” con el color del bronce, de la cual, comenta es propietario y forma parte de una “colección grande y valiosa”.
Mas delante por su formato y su brillo, sobresalen las piezas más actuales de la exposición, una serie de 20 (de 24 piezas existentes) cartas de tarot de 40 x 60 cms. cada una, elaboradas en el año 2023, con capas de vidrio de Murano sobre espejos artesanales, pertenecientes a la colección personal del psicodélico representante del surrealismo mexicano Pedro Friedeberg.
En estas piezas de “Tarot” el reconocido artista retomó la iconografía del tarot para reinterpretarla con su característico barroquismo visual, creando un llamativo juego entre lo simbólico y lo decorativo, en ellas los brillos del vidrio se mezclan con los irregulares reflejos del espejo artesanal y el abigarramiento de formas y colores característicos de Pedro, creando un lúdico e hipnótico efecto tanto visual como luminoso, el cual te cautiva invitándote a entrar al universo de la adivinación.



La tercera sección fue nombrada Astrología. Consultar las estrellas. En ella la pieza inicial es obviamente la “Carta astral de Jean Schuster”, realizada cerca del año de 1950 por el francés, padre del surrealismo, André Bretón. Una pequeña hoja blanca que contiene tan solo el trazo de una carta astral, una práctica cotidiana realizada por el artista para entender las personalidades de sus amigos y allegados.
Jean Schuster fue un periodista, director y editor de la revisa surrealista “MEDIVM” entre los años 1952 a 1955. A la muerte de Bretón en 1966, Schuster fue nombrado mediante su testamento, como el albacea y responsable de los archivos del surrealismo, quedando a la cabeza del grupo surrealista, el cual dio por disuelto tres años después con la publicación del texto “»Le Quatrième chant» (La cuarta canción), con la cual proponía que ahora, huérfano de padre, el surrealismo más que un movimiento institucionalizado o una “escuela” debía quedar como una “fuerza subterránea”, una actitud poética y revolucionaria, dispersa en la obra de cada artista y escritor, prolongando el surrealismo mediante el espíritu libre y personal de cada autor.
Al día de hoy el surrealismo aún persiste como una actitud humana que representa un canto a la libertad y un grito de rebelión contra la mediocridad. Aún lo podemos ver nítidamente tanto obras de arte contemporáneas, de diseño de modas, publicidad y piezas de arte hecha con tecnología digital.
Mas delante sobresale un conjunto de siete piezas impresas en 1951 por medio de “offset”, obra de José Horna, titulado “Medicina Celeste”, realizado como material publicitario para los Laboratorios Ayerst ICI, en el cual por medio de unos blanquecinos destellos de luz que van formando con algunos trazos de colores claros los distintos personajes del zodiaco, situados sobre un sólido fondo obscuro casi negro que representa al infinito espacial.
Cada signo del zodiaco se encuentra cargado de símbolos arquetípicos, los cuales representan distintas características de la esencia y motivación de las personas nacidas sobre determinado signo solar, el cual se cree que define diferentes áreas de tu vida.


Por último, la exposición cierra con la sección llamada Terror cósmico. La incertidumbre del futuro, la cual nos muestra obras que se basan en la misteriosa inmensidad del cosmos, haciéndonos reflexionar sobre el lugar que ocupamos dentro del mismo.
Nos cautiva una pieza fechada en 1922, sin título, autoría del Maestro de los muralistas mexicanos, Gerardo Murillo “Dr. Atl” (perteneciente a la colección del museo Kaluz), en la que apreciamos un maravilloso paisaje nocturno, un amplio paraje que más atrás se convierte en dos cerros, uno mucho más grande que el otro, postrados en la oscuridad de la noche.
En esta pieza la noche “clara” y completamente despejada nos permite ver una gran cantidad de estrellas distribuidas a lo largo y ancho del cielo, el miso se encuentra partido en tres zonas, puesto que dos grandes halos de luz lo cruzan desde más arriba de lo que nuestros ojos pueden ver hasta detrás de las formaciones rocosas, probablemente son destellos de la luna, de venus “la estrella de la mañana” o alguno de los otros grandiosos astros que a través de su fulgor nos iluminan por la noche.
Dr. Atl nos expresa pues, por medio de un majestuoso uso de los colores obscuros e intensos, una fuerte, expresiva y quizás un poco fauvista escena que nos hace sentir la mágica grandeza del universo sobre nuestro plano terrestre, recordándonos que solo somos capaces de reconocer como nuestro, lo que podemos recorrer con nuestros pies, mientras más allá de nuestros pasos, existen miles de millones de años luz de inexorable inmensidad.
Para cerrar la exposición se nos presentan varias piezas de Rufino Tamayo, de las cuales no puedo dejar de abordar por lo menos dos. La primera es la afamada composición pictórica titulada “El día y la noche, en las pirámides del sol y de la luna”, la cual en un formato súper horizontal representa al amanecer, al día con la pirámide del sol de Teotihuacán, a la noche con la pirámide de la luna y nuevamente al amanecer. Esta pieza que se presenta a manera de línea del tiempo de un día completo, nos muestra la visión mítica y poética del pintor, la cual basa en la dualidad y el equilibrio cósmico de la cosmogonía prehispánica que representa la interdependencia de las fuerzas celestiales opuestas, el día y la noche, el sol y la luna, Tonatiuh y Metztli.
La obra que nos regala un cierre de exposición bastante teatral es “El Iluminado”, creada por el Maestro Tamayo en 1976, durante su última etapa de producción artística. En esta pieza vertical de gran formato, representa a un cuerpo moreno, desnudo y masculino sobre un fondo nocturno, principalmente de color azul, el rostro de la figura voltea hacia arriba, hacia el cielo, pero no es un rostro común, es un rostro tan blanco como la luna resplandeciente, el cual mira hacia las estrellas, hacia un mapa de constelaciones, esta cara representa la melancolía de la noche contrastada por la iluminación de Saturno el padre de Júpiter, quien personifica al tiempo y a la vejez, las fuentes de la angustia y el desasosiego humano.



En la antigüedad se le conocía como “El mal de Saturno” al exceso de melancolía, un pesar asociado a una excesiva cantidad de bilis negra, causada en ocasiones por la intoxicación por plomo (el plomo en la alquimia es igualmente el metal de Saturno).
Saturno se utiliza como símbolo de las artes herméticas, ósea la alquimia y la magia, artes creadas por Hermes Trismegisto, una figura legendaria resultado del sincretismo entre el dios griego Hermes considerado como el mensajero de los dioses y guía de las almas al inframundo, y el icónico dios Thoth, deidad del Egipto antiguo asociada con la sabiduría, la escritura, la luna, la magia y la ciencia, representado por el ser teriocéfalo con cabeza de ibis, a Toht se le atribuye la invención de la escritura y el lenguaje.
Por esto en la actualidad el término “retorno de Saturno” se utiliza en la astrología para describir un periodo de la vida, comúnmente ocurrido alrededor de los 30 años, en que las personas suelen experimentar una crisis, desarrollan la madurez y se caracteriza por la búsqueda de estabilidad en sus vidas.
Encontrarse “Bajo el signo de Saturno” puede ser entendido como encontrarse en una especie de trance meditativo, con los pies bien situados sobre la tierra, pero bajo en el entendimiento de que la energía cósmica y creadora es mucho más grande de lo que nuestro cerebro hecho de materia, logra procesar.
Esta exposición nos invita a reflexionar sobre cómo esta energía infinita y creadora inspiró a los artistas mexicanos del siglo XX a crear visiones más allá de su propio entendimiento. “Bajo el Signo de Saturno. Adivinación en el Arte”. Se antoja como uno de esos montajes museísticos imperdibles de los que de seguro seguiremos hablando en años.
La muestra la puedes encontrar en el Museo Nacional de Arte, (MUNAL), de martes a domingo, de 10:00 a 17:30 horas, en la calle de Tacuba #8, en el centro histórico de la Ciudad de México, hasta el día 16 de febrero de 2026.
Gracias a Jesús Julián por pedirme que fuéramos a ver la exposición.
Mtro. José Alberto Avilés Álvarez
28, agosto, 2025